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jueves, 25 de marzo de 2010

La moral cartesiana y sus influencias

A continuación, os presento una actividad de la asignatura “Historia de la Filosofía” la cual consiste en relacionar a Descartes con algún aspecto. En este caso vamos a relacionar al autor con las influencias que tuvo para establecer las máximas de la moral cartesiana.

La moral cartesiana aparece cuando Descartes va a ejercitar su método, puesto que como persona tiene que seguir actuando en la vida cotidiana y las reglas del método no se lo permitiría. Ésta será de momento provisional con el objetivo de vivir felizmente como persona y no de buscar la verdad. Descartes adoptará la definición de su moral provisional mediante cuatro máximas.

La primera máxima -la más importante- consiste en dos partes. La primera está influenciada por el relativismo de Montaigne, puesto que Descartes constituye que debemos obedecer las leyes y costumbres de nuestro país, además de conservar la religión tradicional. Lo que estaría relacionado con la segunda parte de esta máxima, ya que los más moderados los consideraba sabios y éstos hacían caso de las tradiciones. En ésta última parte estaría influenciado por Aristóteles, quien promulgaba el bien como término medio. Ni los excesos ni la escasez son buenos, la prudente moderación es la virtud por excelencia, y por tanto la forma más fácil de obtener la felicidad que buscamos los humanos.

En cuanto a la segunda máxima, sería la de mantenerse firme a las decisiones que tomamos por muy dudosas que pudieran ser y tomarlas como si fueran las más verdaderas, porque la vida nos obliga muchas veces a actuar con la falta de elementos seguros y definitivos. Ésta segunda máxima la tomaría de los estoicos, quienes proclamaban la conformidad de la naturaleza para vivir feliz. Para éstos la naturaleza hizo al hombre bueno por tanto aquello que sucedía por decisión de ella no se debía de discutir. Podemos ver la relación de conformidad de los estoicos con la firmeza de Descartes para sus normas morales.

Con la tercera máxima debemos dominar aquello que está a nuestro alcance: el pensamiento. No desear lo que no podemos alcanzar, porque al no conseguirlo nos encaminaríamos hacia la infelicidad. No es sinónimo de conformismo, sino que debemos de adaptarnos a nuestra situación. En esta máxima nos volveríamos a encontrar con los estoicos, pero más concretamente con Séneca.

Y por último, nos encontramos con la cuarta máxima influida por el intelectualismo moral de Sócrates. El filósofo griego difundía su teoría de que aquel que conoce el bien necesariamente tiene que actuar bien. Relación que encontramos en esta máxima la cual engloba las tres anteriores, puesto que para vivir felices como personas debemos, según Descartes, de seguir las reglas morales y por ello no sería razonable que conociendo el camino hacia la felicidad no lo siguiéramos.


Carolina Vela Marí

miércoles, 24 de marzo de 2010

Descartes y el escepticismo

El escepticismo es una corriente filosófica que inició Pirrón de Elis en la época helenística. En resumen, el pirronismo (o escepticismo) propone la suspensión de todo juicio, cayendo en un estado de inmovilismo total, para conseguir la tranquilidad del alma y la felicidad. En el renacimiento, esta corriente se recuperó, principalmente por las guerras entre protestantes y católicos, el acceso a nuevas culturas en América y la crítica a la escolástica. Un escepticismo que se acercaba al relativismo cultural y a la tolerancia. Este escepticismo dudaba, por lo tanto, de la capacidad del ser humano para encontrar la verdad y por ello no creía en el conocimiento científico. Ésta corriente afirma la necesidad de suspender el juicio allí donde los demás filósofos encuentran respuestas a las preguntas, utilizando el método consistente en establecer oposiciones de todas las maneras posibles para conseguir, dada la igual fuerza de las diversas argumentaciones, esa suspensión del juicio y después alcanzar la tranquilidad del alma, considerando que el hombre es incapaz de alcanzar alguna certeza.


Descartes rechaza este planteamiento que pretende suspender todo juicio, ya que el confía en la existencia de la verdad. Sorprendido por los nuevos descubrimientos de la revolución científica. Por ello Descartes confía en la existencia de conocimiento científico (al contrario que los escépticos), pero para ello deberá establecer que es conocimiento y que no es. Para ello se hace servir de una herramienta escepticista “la duda”. La duda metódica le permite rechazar todas las proposiciones contingentes (nunca referidas en el ámbito moral, ya que pretende evitar el inmovilismo), aceptando aquellas totalmente verdaderas. Además, en contraposición a los escépticos, Descartes cree que las facultades para conocer del ser humano (la razón la principal de ellas) son universales en todos y además, cree que son suficientes para conocer la verdad.

De alguna manera el escepticismo le sirvió a Descartes (y ha servido durante toda la historia) para establecer aquel conocimiento que es verdadero y del cual no se puede dudar. Ya que con el proceso de duda, Descartes entre otros, rechazaron aquel conocimiento falso para más tarde sustituirlo por otro verdadero. Descartes fue muy inteligente al usar una herramienta pura mente escéptica con un fin totalmente contrario al escepticismo, asentar las bases del conocimiento científico. Por ello, el gran punto de conexión que estableció Descartes con los Escépticos ha perdurado, y todas las teorías científicas que no han pasado por el filtro de una duda, algo más moderada que la cartesiana, han caído. Pues esta “duda” se ha establecido como el mecanismo de autocontrol que tiene la ciencia para determinar la veracidad del conocimiento, de esta forma si uno no se da cuenta de su error, otro que “dude” por ti sobre la veracidad de tus afirmaciones sí que puede hacerlo.

Ximo Manzano
Joan García